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Para decirlo sin rodeos, buscar el bien de los miembros de la propia co-
munidad religiosa, sin que al agente le importe el bien de los miembros de
otras comunidades (religiosas o no confesionales), e incluso sin reparar en
el posible daño a estos, es un claro ejemplo del particularismo, tan frecuente
en el pasado y en el presente de todas las religiones. La búsqueda del bien de
todos, más allá de cualquier determinación (confesión, género, nacionalidad
e incluso pertenencia a una especie biológica), es decir, la entrega al ideal del
moralischer Universalismus [universalismo moral], es algo que para Joas
se ha concretizado en pocas religiones, por ejemplo, en el cristianismo (con
su énfasis en el amor) y en el budismo (con su acento en la compasión), aun
cuando lo cierto es que en estas mismas religiones ese ideal fue traicionado al
degradarse una y otra vez en sentimientos y acciones particularistas. El gran
desafío actual de las religiones está, según nuestro autor, en lograr desarrollar
y abrazar decididamente algunas de las modalidades culturalmente media
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das del universalismo moral. El riesgo es volver a caer en cualquier suerte
de Selbstsakralisierung [autosacralización] de la propia comunidad, proceso
que se traduciría con seguridad en nuevas formas de exclusión y violencia.
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5. La ambigüedad de la religión
En este punto, es posible observar más claramente por qué mencionábamos
al inicio que la religión ha sido el obstáculo, o uno de los obstáculos, surgido
al momento de buscar realizar los ideales de la Ilustración (libertad, igual
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dad, fraternidad), pero también por qué, en otros casos, ha desempeñado
el papel opuesto, el de facilitadora de un mundo más libre, más justo, más
solidario.
Dicho sea de paso, la toma de conciencia de esta “ambigüedad de la reli
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gión”, para usar una expresión del propio Joas, tiene un claro corolario meto-
dológico: la sociología tiene que ser forzosamente sociología histórica. De-
claraciones como “la religión es el opio del pueblo” no tienen sentido sin una
minuciosa investigación empírica, la cual revelará, como dice grácamente
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Joas compara incluso la relevancia del momento histórico actual con la de la era axial.
Retomando una tesis de Karl Jaspers, nuestro autor sostiene que entre el 800 y 200 a. C.
se produjo un importante salto cognitivo en la evolución del hombre, lo que posibilitó, en
las distintas civilizaciones de entonces, el desarrollo de sistemas losócos y religiosos
basados en el ideal de la humanidad, esto es, de una comunidad de todos los hombres, die
Menschheit (Joas, 2014). Por supuesto, se trata de una tesis controversial que, para algunos,
solo posee un valor heurístico (c.f. Assmann, 2017).