
20 STUDIA POLITICÆ Nº 65 otoño 2025
viaje a Estados Unidos, de su experiencia y su modo alternativo de concebir
este vínculo en teoría y praxis, el autor realiza un salto original en su pro
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puesta, lo que le permitiría escapar del laberinto. Ciertamente, no es el único
que hace este recorrido. Habermas también lo llevó a cabo en los ochenta,
con su acercamiento al pragmatismo y a la losofía del lenguaje en un clima
de época propio de la Alemania Federal de entonces, registrado con maestría
cinematográca por Wim Wenders en El amigo americano de 1977. ¿Qué es
lo que Joas (2024) encuentra en este salto transatlántico? En primer lugar,
un rol, función o presencia de lo religioso bien diferente del paisaje y de la
trayectoria europeo occidental. En segundo lugar, el aporte del pragmatismo
en losofía y su derivación en una teoría sociológica de alcance intermedio,
más cercana a la de la acción social. Es decir, una aproximación menos pre-
tenciosa y omnicomprensiva, que, en vez de pretender captar el fundamento
último del orden social y su lógica intrínseca, se contenta con comprender
y explicar las regularidades del despliegue de la acción social en contextos
especícos y del modo cambiante en el que los agentes van deniendo su
situación. En este sentido, la aspiración conceptual es más bien propia de una
teoría de alcance intermedio al estilo de Robert Merton.
En cuanto a lo religioso, podríamos decir, en síntesis, que lo llamativo para
Joas es que en EE. UU. esta cuestión no se concibe como fundamento del
orden social y no se despliega necesariamente en una escala macro, sino más
bien como un componente de la vida cotidiana que se recrea en espacios in
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termedios y en la sociedad civil. La vitalidad de la religiosidad, junto a un
contexto institucional y socioeconómico de capitalismo avanzando como en
ninguna otra parte, lleva a cuestionar la tesis apresurada de la secularización
como una dimensión ineludible de la modernización. La multiplicidad de las
denominaciones religiosas sería su rasgo distintivo (Niebuhr, 1922) aunque
no conduciría necesariamente a una heterogeneidad de singularidades aisla
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das. Por el contrario, y tal como lo analizó Tocqueville en los inicios de la
democracia norteamericana, estas contribuirían a la vitalidad de los espacios
intermedios entre el espacio doméstico, la gran política y el Estado. La tole
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rancia y convivencia entre estas diversas denominaciones sería, justamente,
una parte sustancial del asociacionismo que se plasma en entidades interme-
dias, tan consustancial en la sociedad norteamericana. En este sentido, lo reli-
gioso se yergue como una dimensión más propia del mundo de la vida que del
orden sistémico para retomar la clásica distinción habermasiana. Mientras que
el primero apunta a los principios y mecanismos que relacionan a individuos
y actores en una sociedad en base a la “co-presencia”, el segundo se centra en
aquellos que articulan a las distintas instituciones y partes del sistema social