Nunca es sencillo condensar temas tan vastos en un trabajo tan breve. En
las palabras finales de esta obra, podemos hacer esta reflexión sobre el potencial
de la tecnología Blockchain: aún se encuentra en una etapa embrionaria de su
desarrollo e impacto económico, social, y jurídico. Estamos en los primeros años
del descubrimiento de un nuevo mundo, que viene a cambiar al viejo, en analogía
a la llegada de Colón a Amèrica en 1492. Solo han pasado unos doce años desde
que una identidad desconocida hiciera pública la tecnología de la Cadena de
Bloques, si bien previo a ello existían teorías y conceptos para abonar esta idea, al
igual que Colón no fue el primero en teorizar sobre la redondez de la Tierra ni
sobre viajar al Oeste desconocido.
Este paralelismo entre la irrupción del Blockchain y el Descubrimiento de
América nos parece apropiado, porque ya sentimos que nuestro mundo no es el
mismo que antes, en un sentido estricto, pero todavía queda muchísimo por
explorar, por aprender, por adaptar de nuestros sistemas de vida. El Blockchain
no solo vino a darnos una ayuda como la más reciente herramienta de la
informática: vino a modificar nuestras relaciones sociales y económicas con la
filosofía de hacer más sencilla la vida en sociedad, cortando caminos, reduciendo
costos, acercando partes, facilitando acuerdos. Los cambios que el Blockchain
nos ofrece no implican, necesariamente, abandonar las antiguas pero vigentes
ideas, como el caso del Notario como garante de la autenticidad del documento y
fedatario, sino adaptarlas a nuevos sistemas que faciliten el trabajo, que,
naturalmente, es cada vez más complejo. Así como, por ejemplo, los conceptos de
dinero y contrato siguen siendo los mismos, la impronta que les da el Blockchain
pretende adaptarlos a un mundo cada vez más pujante y conectado.
Llegamos hace muy poco a estas costas, pero ya sabemos que existen y estamos
dispuestos a ir más lejos. El cambio es inevitable, y lo mejor que podemos hacer
es estar capacitados para su llegada.