
46 La globalización en el siglo XXI. Realidades y perspectivas
IV. Los actores centrales en el mundo globalizado
Esta sociedad global es por cierto asimétrica. Es indiscutible la posición
dominante de Estados Unidos, el poder hegemónico del siglo XXI. Desde el 11
S padece un ataque de miedo “hobbesiano”, aunque es un temor matizado por
la certeza de su superioridad económica y militar. El gran Tocqueville advirtió
al mundo sobre las bases y el origen de quien se constituiría en la “república
imperial” como la definía Raymond Aron. En este contexto cada día se habla
más de los padres fundadores, se trata pues de reactivar la voluntad de los pio
neros, el empuje de una nación de propietarios, la arrogancia de los imperios
que no están preparados para el fracaso. Más aún sostiene la tesis del imperio
benefactor, capaz de reconstruir con una operación a gran escala, incluso a sus
antiguos enemigos (Alemania y Japón). Se trata en efecto de superar el riesgo
que supone para la seguridad mundial el fenómeno de los estados fallidos. Es
decir, globalización desde un punto de vista fuertemente local y desde una
posición hegemónica. Las posiciones críticas ante situaciones nuevas y por
ello exigente desde el punto de vista teórico pecan de reiterativas y aplican
antiguos tópicos antiimperialistas a una coyuntura muy concreta definida por
la guerra de Irak y la incapacidad de sus autoridades para resolver un conflicto
enquistado.
Desde Europa, por cierto, la izquierda y la derecha comparten a veces la
fobia antinorteamericana por diversas razones que varían según los casos, en
viejas querellas históricas contra el mundo anglosajón y anticuados resabios de
poder aristocrático frente a estos nuevos usurpadores.
Rusia, después del fracaso de la Unión Soviética, recupera el aliento y
tapona sus grietas internas, la Federación Rusa sigue siendo el estado con ma
yor superficie del mundo y contiene todavía un centenar de nacionalidades
distintas. Rusia aún no ha logrado asimilar la explosión territorial y las di
versidades culturales. El marxismo ortodoxo pretendía explicar el conflicto
como expresión de la lucha de clases, pero Stalin tuvo que acudir a la patria
para reclamar todos los sacrificios durante la Segunda Guerra Mundial. En la
actualidad lo más grave es la crisis moral generalizada en un país inmenso que
nunca conoció la democracia y las libertades públicas. El autor Furet nos dice
“El comunismo termina en una especie de moda, dejando a una sociedad con
vertida en escombros, su rápida disolución no deja nada en pie, ni principios,
ni códigos, ni instituciones, ni siquiera una historia”3.
3 FURET, Francois. El Pasado de una Ilusión. Fondo de Cultura Económica. 1995.
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